RELATOS

Al atardecer

Al atardecer

Se acerca el solsticio. Es tiempo de reflexión. De esperar. Respirar. De cerrar los ojos y comprender. De escuchar. No existe el tiempo, el espacio. No hay prisa. Cada día un principio y cada noche un final, morir para volver a empezar y tejer el camino que deseamos andar. El hoy se convertirá en ayer. Cierro los ojos y espero. Escucho.

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El tiempo nos da las respuestas

El tiempo nos da las respuestas

Hay un rincón donde sentarse a escribir, a pie de una pequeña escalera medio escondida entre plantas y flores. Un margen las protege del sol. Y un poco más allá, bajando por el sendero, el arroyo. Contemplo las nubes sobre el fondo azul y oigo el agua que baja tranquila por la antigua acequia de piedra. Al fondo, un campo de amapolas. Me siento y escucho. Y recuerdo a un amigo cuando decía que no es lo mismo el amor que el enamoramiento.

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La mariposa azul (relato colaborativo Covid edition)

La mariposa azul (relato colaborativo Covid edition)

(Relato colaborativo que surgió a raíz de un juego que organicé en Facebook durante el confinamiento por covid-19).
¡Hoy es el día!, pensó Julia después de desayunar. Entonces, guardó unas galletas y un par de zumos en la mochila. Mandi, quédate en casa, insistía, pero su gato quería acompañarla sí o sí. Quizás porque cada noche al irse a dormir, la pequeña preguntaba: Mamá, ¿por qué está embrujado el bosque? Y mientras Mandi se acurrucaba con ella en la cama, mamá le explicaba la historia del bosque encantado y de las mariposas mágicas.

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Para reencontrarme contigo, conmigo

Para reencontrarme contigo, conmigo

Hablaba con mi amigo el poeta y decía: son tiempos difíciles, para reflexionar. Y es que quince días confinados dan para pensar.
Dan para pensar y reformular, porque ahora sí que tendré tiempo y silencio para escuchar, escucharme, reencontrarme. Porque ya sabemos que la vida no es solo correr, trabajar y gastar, pero el día a día lo devora todo y vamos faltos de momentos y, a veces, hasta de felicidad y de sentirse en paz con uno mismo, con los demás y con el mundo.

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En la oscuridad azul

En la oscuridad azul

Contemplo el silencio lejano de las montañas blancas mientras la luz se diluye con lentitud. Y la nieve flota con suavidad y se posa en ti, en mí. Y me abrazas y me miras y me besas, y veo en tus ojos la profundidad de un sendero infinito que no sé a dónde va; pero quiero recorrerlo contigo y descubrir qué significa vivir así, a tu lado, ahora y siempre, cerca y lejos, porque cuando tú no estás continúas en mí: vivo abrazada a ti.

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Ítaca

Ítaca

Hace frío. Afuera, el bosque despierta dormido y la aurora se filtra a través de las contraventanas. Qué pereza salir de la cama con lo mullida y calentita que está, piensas. La estufa se consumió hace horas; la enciendes y esperas. Esperar al amor duele. Y renunciar a él, también.

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Y con suerte, el arco iris

Y con suerte, el arco iris

Cuando llega el frío y llueve, cuando la bruma cubre las montañas y caminas sobre un arrebol de hojas de otoño. Cuando llega el viento del norte y te tapas lo justo para sentir ese poquito de frío que te estimula. Y sobre el cielo hay nubes grises como pegotes que descargan su lluvia mientras el viento las empuja con rapidez. Entonces, te das cuenta de que el viento es como la vida: lo agita todo.

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Rosaflor y el viaje mágico

Rosaflor y el viaje mágico

Todo empezó cuando un día, paseando por el bosque, vi unos álamos atornasolados. Y eran tan altos, que pensé en la suerte que tenían de llegar hasta el cielo. Así es que llamé a una nube, me monté sobre ella y le dije: “Quiero tocar el cielo, llévame tan alto como los...

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Calabazas, castañas y boniatos

Calabazas, castañas y boniatos

Ya es el tiempo de las recetas con calabaza, castañas y boniatos. De estar en la cocina con calma, de esperar a que todo se cueza con tranquilidad, a saber que estarás una hora, o dos, o tres. Y qué más da, si los días se harán cortos y las noches largas. Qué más da, si el tiempo se difumina, si el día se diluye en la oscuridad hasta derretirse al abrazo del amanecer.

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El sabor de la felicidad

El sabor de la felicidad

El pequeño pueblo de Massalcoreig huele a pan recién horneado. Es la hora de la siesta y elaboran la segunda hornada del día. Dentro de poco, los niños saldrán de la escuela, oscurecerá y comprarán la merienda: un panecillo, unas magdalenas, un cruasán de chocolate… Otros, el pan para cenar. Es el aroma de Cal Ambrosio, el que huele a coca de azúcar, a pan, el que se escapa tranquilo para inundar las calles de felicidad.

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