Cuando Dios cierra una puerta abre una ventana, dice el refrán. Pero a veces, somos nosotros quienes cerramos las puertas. Y lo que llega después no es una ventana, sino la vida entera que se despliega ante ti.

Hoy tengo muchísimo que agradecer al 2019, porque durante la recta final del año han sucedido tres grandes cosas: he aprendido a decir adiós a personas y a situaciones insostenibles, ha entrado gente nueva en mi vida, y vuelvo a impartir clases de música. Ojalá que el balance de este año sea tan positivo para vosotros como lo es para mí. Y lo es gracias a saber valorar y disfrutar de la cotidianidad que paso junto a mi familia y amigos; porque cuando entiendes que la felicidad va de cuidar y dejarse cuidar, de estar cuando te necesitan y de apoyarse en el otro, de escuchar sin juzgar, de dar la mano, de abrazar y dejarse abrazar, empiezas a construirla.

Gracias por acompañarme, amigos, lectores y compañeros. Os deseo Feliz Navidad y que el 2020 nos inunde de belleza y prosperidad.

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